Estimados lectores, esperando se encuentren muy bien de salud ante esta situación que estamos viviendo. El tema de este mes es sobre educación y analizando las materias que nos enseñan desde pequeños son temas ajenos a cómo vivir nuestro día a día ante las adversidades.

Aprendemos matemáticas, español, sociales, idiomas, ciencias naturales, geografía, física, química, etc., con la finalidad de que cursemos una carrera y seamos exitosos para ser felices. Pero no nos han enseñado que la vida son pérdidas constantes, que el dolor es parte de la vida y esto genera cambios muy importantes en nosotros, nuestras prioridades cambian, así como también la manera de ver la vida. Cuando tenemos una pérdida surgen una serie de emociones y sentimientos y no sabemos qué hacer. Creemos que evadiendo sentir y diciéndonos que el tiempo nos va a ayudar vamos a sanar, sin embargo, es un error muy grande porque si no trabajamos nuestras emociones, se van a ir acumulando en nuestro corazón y algún día se somatizarán en alguna enfermedad.

Nuestra cultura nos ha enseñado que las emociones son malas, no puedes llorar, no puedes enojarte y no puedes estar triste. De hecho, cuando alguien está llorando o triste o enojado, lo primero que decimos es no estés triste, no llores o no te enojes. ¿Eso cambia nuestro sentir? No, lo que pasa con estos consejos es que vamos a reprimir nuestros sentimientos. Estas son emociones natas y tienen una función muy importante.

Cuando estamos tristes, la postura que tomamos es que inclinamos la cabeza, el mismo cuerpo nos dice que es tiempo de introspección, de estar con uno mismo, de contactar con nuestro corazón. La tristeza se irá poco a poco.

Cuando lloramos estamos liberando dolor, a través de las lágrimas estamos expresando palabras que no podemos decir, limpian el alma y después de llorar, se produce un analgésico natural que nos permite sentirnos en paz.

Cuando nos enojamos es una manera de defendernos, de poner límites o de expresar que detrás del enojo hay dolor y miedo.

Llora, enójate y permítete estar triste que la alegría y la paz vendrán.

Otro punto importante es comprender lo que estamos viviendo, en qué consiste el proceso de duelo. Esto nos ayuda a saber que lo que estamos sintiendo es normal, está bien o no está bien y nos permite estar más tranquilos.

Quise abordar este tema porque es algo que, los que nos dedicamos a la tanatología, al acompañamiento, lo hemos comentado. El duelo que vivimos después de una pérdida sería más llevadero si tuviéramos estas herramientas. Tenemos que luchar contra una serie de mitos y creencias.

En este momento estamos viviendo muchas pérdidas como la de la libertad, la tranquilidad, la independencia, el trabajo, ver a la familia, la seguridad, el abrazar, el contacto humano, la más dolorosa… la muerte de un ser querido, etc. Todo esto nos genera muchísimas emociones y menciono sólo algunas, las más comunes, como miedo, tristeza, frustración, preocupación, incertidumbre, soledad, enojo, culpa. Y ahora, qué hago con ellas, si mi mente dice que tengo que ser positivo, que tengo que ser fuerte para estar bien. Sí es importante ser positivos, pero también es muy importante permitirme sentir para poder soltar y sanar.

¿Cómo estás viviendo este tiempo de aislamiento? o ¿cómo has vivido tus pérdidas a lo largo de tu vida? Si identificas que estás en un proceso de duelo y estás reprimiendo tus emociones por ser fuerte, la fortaleza es lo contrario, es sentir porque sentir duele y eso es pasajero y me va a sanar; y reprimir es evadir.

En esta cuarentena hay muchas herramientas en línea que nos ayudan a sobrellevar nuestras pérdidas. Después de haber vivido el proceso de duelo, podremos resignificarlas, encontrar un nuevo sentido de vida y agradecer lo que estamos viviendo.

Bendiciones.

 

 

Por: Yvonne Bulnes
Tanatología
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