Entre los sentimientos negativos hay uno especialmente arraigado en la mayoría de las personas y es el resentimiento. Aparentemente podemos estar bien, pero las viejas heridas, los ciclos no cerrados, la mala comunicación con los más cercanos, los malos entendidos y hasta el dolor oculto se transforman en amargura y enojo. Al vivir resentidos se vive con enojo sin reconocer la verdadera causa de ese malestar.

Cuando esto pasa culpamos a los demás, al entorno, a las circunstancias; afuera están las decepciones, los traidores, los ineptos y se va envenenando el alma impidiendo tener dicha y felicidad auténticas. Las personas resentidas se sienten generalmente ofendidos, como si la vida les debiera algo, se vuelven prepotentes y están convencidos de que tienen el derecho de ofender y criticar a diestra y siniestra. Por otro lado exigen atención, amor, delicadeza, lo cual no son capaces de darse a sí mismos ni mucho menos dar a los demás.

Una persona resentida es un ser frio, con poca tolerancia, se siente su compañía como una carga pesada, es rencoroso, buscan en su pasado constantemente dejando de vivir el momento presente ni mucho menos las bondades que la vida puede ofrecerle pues su atención solo está en todas las injusticias que ha vivido y en las cosas malas que otros le han causado.

Desgraciadamente lo único que hacen es caer en víctima, se declaran buenos e incomprendidos, todos le han fallado y son los responsables de su condición, incluso al no llegar sus metas se convencen de que no son ellos los que están mal ni son responsable de nada. Viven una realidad compuesta a su manera, se convierten en amo y señor del juicio, calificando con dureza todo cuanto tienen enfrente, buscando incluso venganza si es posible y atacando si se ven expuestos o vulnerables.

Una persona en estas condiciones le da vuelta y vuelta a lo mismo, a sus miserias y penalidades, difícilmente tiene un buen tema de conversación, no quieren tampoco sentirse descubiertos en su fragilidad emocional, mucho menos del dolor que los atormenta, prefieren callar y enterrar en su interior cualquier emoción; así que cae una y otra vez en el enojo y la constante decepción. No es fácil tratar con estas personas, nada se puede cambiar hasta que el resentido descubre cuánto daño se hace al vivir así, hasta que acepta su dolor, lo reconoce y entiende que es la única persona a quien debe perdonar y liberar para vivir en paz.

Todo puede sanarse a pesar de las cicatrices que quedan, se trata de resolver, soltar, descargar todo ese pasado abrumador. Perdonar y reconciliarse son el mejor camino, para poder volar a la libertad después de la cárcel del resentimiento. La aceptación requiere mucho valor, es sumamente incómodo el cambio, se necesita una rendición absoluta y un deseo profundo de querer un cambio de vida, enfocarse en la realidad, en el presente y en todas las cosas buenas que si existen y han existido. Enfocarse en ser practico antes que sentido y sacar toda la nobleza del corazón, la bondad y cada sentimiento reconstructivo que si existe en el interior del resentido pero lo ha tenido en el olvido, todo esto dará una cercanía al amor, al bienestar y a ser lo que realmente es cada persona, un ser libre de escoger si su camino está lleno de piedras o de flores. 

Namaste.

Por: Paty Maytorena

Yoga Terapia

patymaytorena@hotmail.com

Cel. (667) 751-2884

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