Por: Paul McGregor

 

Ahí estaba yo, parado en un pie debajo de un árbol, mientras el sol salía sobre las montañas al este de Culiacán. Ricardo Landeros, nuestro instructor de T’ai Chi, decía a sus alumnos, con voz serena, que el objetivo era permanecer en esa posición durante cinco minutos, pero con los ojos cerrados. Con un poco de práctica, estar parado en un pie no resulta tan difícil. Sin embargo, tan pronto como cerré los ojos, perdí el equilibrio, tropecé, y tuve que volver a mi zona de confort, ¡En dos pies!

“Si pierdes el equilibrio”, dijo Ricardo, “es porque hay demasiados pensamientos dando vueltas en tu cabeza. No estás en paz. El propósito del T’ai Chi es traerte paz interior”.

¿Pero cinco minutos? ¡Apenas pude lograr cinco segundos! Todavía tenía un largo camino por recorrer en el trayecto hacia la paz interior.

Ricardo Landeros está mucho más avanzado. Descubrió el T’ai Chi en 1993, cuando vivía en San Francisco, y lo enseña desde hace 23 años. Su primer maestro fue James Wing Woo (1922-2014). Puedes encontrarlo en YouTube, enseñando el T’ai Chi a sus noventa años.

T’ai Chi significa “supremo definitivo“. Se practica para la salud, longevidad y defensa personal. El primer registro histórico se encuentra en el ‘I Ching‘, o ‘El Libro de los Cambios‘, que se cree data del siglo X a. C. Según la filosofía china, hay dos fuerzas principales en el universo: el yang (activo) y el yin (pasivo), y el T’ai Chi busca combinarlos.

Muchos lectores estarán familiarizados con el símbolo Taijitu, compuesto por dos espirales entrelazadas, una blanca, que simboliza el yang, y la otra negra, que simboliza el yin. El límite entre el yin y el yang es una onda que simboliza el flujo alterno entre estas dos fuerzas equilibradas y mutuamente complementarias dentro de un todo.

El yin y el yang son opuestos, pero no están en oposición, y esta mutualidad se refleja en los movimientos de T’ai Chi, donde hay movimiento y descanso; expansión y contracción; abriendo y cerrando. En sus clases, hasta la ropa de Ricardo simboliza el yin y el yang porque está siempre vestido de pantalón negro con camisa blanca.

Para aquellos que desconocen el T’ai Chi, quizá pueda describirse como ‘yoga en movimiento’. ¡Me gusta llamarlo, ‘yoga para personas como yo que no pueden quedarse quietas por más de dos minutos’!

James Wing Woo solía decir que se requieren cinco cualidades esenciales para practicar el T’ai Chi: lentitud, ligereza, claridad, equilibrio y tranquilidad.

Para lograr esa tranquilidad (y eliminar todos esos pensamientos que no me dejan pararme en un pie con los ojos cerrados) las clases de Ricardo comienzan con al menos 15 minutos de meditación.

 

El alumno se pone de pie, con la espalda recta, las rodillas ligeramente flexionadas y los ojos cerrados. Ricardo, en voz suave, no indica que respiremos por la nariz con la boca cerrada. La idea es tomar respiraciones largas, lentas y profundas, utilizando el diafragma para inhalar y exhalar lentamente. La respiración ya no está a nivel del pecho, sino en el fondo del estómago. Se supone que esta forma de respiración ayuda a eliminar las toxinas del cuerpo. También promueve una sensación de tranquilidad si el estudiante llega a ignorar los ruidos externos y vaciar la mente de pensamientos extraños.

Durante la meditación, Ricardo nos pide concentrarnos en diferentes ‘centros de energía’ ubicados a lo largo de los meridianos según la medicina tradicional china. Uno de esos centros energéticos es el tan tien inferior, que se considera fuente principal de la fuerza vital, o la “raíz del árbol de la vida”. Se encuentra dentro de la parte inferior del estómago, justo debajo del ombligo.

Alcanzar este estado meditativo no es fácil al principio, pero como dijo el filósofo chino, Lao Tzu, “El viaje de mil millas comienza con un paso”. En mi experiencia, la práctica te lleva a ese estado de tranquilidad de mente y cuerpo. Con unas semanas de meditación diaria, uno se vuelve más sereno. Aprenderás a controlar el enojo y manejar los conflictos en casa y en el trabajo.

Después de la meditación, Ricardo empieza con los movimientos, recordándonos que es importante hacerlos conservando el estado meditativo.

Hay varias ‘escuelas’ de T’ai Chi. Con Ricardo, practicamos lo que se llama T’ai Chi Ch’uan. En chino ‘ch’uan’ significa puño. ¡Ojo! Mientras el puño simboliza la agresión en Occidente, en este contexto representa concentración y control.
Hay 108 movimientos diferentes en la ‘forma’ o secuencia de movimientos que enseña Ricardo. Pero lo tomamos por etapas, comenzando con 24 movimientos iniciales. Cada movimiento fluye suavemente hacia el siguiente. En su libro, “El T’ai Chi Ch’uan – Cuerpo y mente en armonía”, Sophia Delza (1903-96) escribió que “los movimientos son como acordes armoniosos en la música”, o “como gotas de agua en un río.” James Wing Woo hablaba de, “fluidez y gracia, como la seda ondeando en el viento”. Los movimientos deben hacerse de forma lenta, equilibrada y tranquila.

La meditación y los ejercicios son las dos primeras dimensiones del T’ai Chi. El tercero es la dieta. De hecho, Ricardo dice que hacer ejercicios de T’ai Chi sin un cambio en la dieta no traerá los beneficios potenciales que tiene. Es el tercer lado del triángulo, la tercera  pata del taburete. Es un ardiente defensor de la eliminación de los cinco ‘blancos’: harinas, productos lácteos, arroz, sal y azúcar. Pero, aunque cree firmemente en la sabiduría de sus recomendaciones dietéticas, no es un fanático. Él no explota tus sentimientos de culpa, pero sí la verdad evidente basada en su experiencia personal. Él nos dice que solía consumir grandes volúmenes de Coca-Cola y otros alimentos poco saludables. Desde que cambió radicalmente su dieta, se siente más tranquilo, más dinámico, más enérgico. Lamentablemente, una de sus recomendaciones es eliminar o al menos reducir el consumo de café. Y debo decir que, mientras escribo, han pasado dos semanas desde la última vez que tomé una taza de café. Ahora duermo mejor y me siento más alerta durante el día.

Ricardo también nos recuerda que el T’ai Chi se considera un arte marcial y que muchos de los movimientos o posiciones se remontan a los movimientos de ataque y defensa en combate. Él mismo era un ávido boxeador antes de descubrir el T’ai Chi. Uno de sus dichos favoritos es parte de la filosofía T’ai Chi: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

Otro de sus aforismos favoritos, mientras trabaja con sus alumnos es: “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Quiere decir con esto que es importante distinguir entre un estímulo y cómo reaccionamos ante él. Si nos encontramos con alguien que está enojado, podemos elegir no responder con enojo. Eso no significa someterse a una agresión potencial. Por el contrario, si uno aprende a través del T’ai Chi, a controlar la respuesta, estará mejor preparado para reaccionar ante cualquier agresión. Como también escribió James Wing Woo, “uno debe mantenerse tan tranquilo como el agua en un lago liso y tan poderoso como las olas de un mar tormentoso”. De ese modo, la energía no se desperdicia, solo se concentra. Así mismo escribió: “Reúna la energía naturalmente, para que explote tan rápido como un rayo”.

Es importante señalar que el T’ai Chi no requiere fuerza física ni resistencia. Es adecuado para hombres y mujeres, jóvenes y viejos, débiles y fuertes. No se requiere equipo. Solo ropa holgada y zapatos de suela plana.

Vivimos en tiempos estresantes, empeorados por el coronavirus. El T’ai Chi es sumamente adecuado para estos tiempos. Todos tenemos más tiempo para desarrollar actividades en la casa y necesitamos mucha tranquilidad para lidiar con el estrés del distanciamiento social y el autoaislamiento. Hace un año que estoy practicando el T’ai Chi bajo la dirección de Ricardo y ya puedo dar fe de cómo mejora la flexibilidad, aumenta la energía y aporta un mayor grado de calma interior.

Sophia Delza decía que: “La capacidad de practicar el T’ai Chi por un mínimo de 20 a 25 minutos por día da una salud duradera. Perfeccionarlo y vivirlo como un ejercicio de por vida es asegurarse buena salud física y mental y ecuanimidad espiritual”.
También se dice que el Tai Chi retrasa la vejez. ¡Esa es razón suficiente para que yo siga asistiendo a las clases de Ricardo!

 

 

 

Para más información contactar: Ricardo Landeros. Celular: (667) 179 3514

 

 

 

 

 

 

 

 

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