De niña no me permitieron contactar con las emociones, sobre todo la del dolor, si me caía escuchaba decir a mi madre o a algún adulto, no te pasó nada, vete a jugar. Cuando murió mi padre lo que me dijeron fue: “Se fue al cielo” y después de ahí la vida siguió como si nada pasara, no se habló de él jamás, no había fotografías ni recuerdos. No vi a mi madre ni hermanos llorar o a ningún familiar. Si tenía miedo tenía miedo de expresarlo o si lo decía, no pasaba nada.

La vida me fue llevando a lo que me dedico hoy, soy Tanatóloga y estoy convencida de que las emociones tienen un papel muy importante en cada uno de nosotros, en soltar y transformar el dolor.

Los que nos dedicamos a dar acompañamiento a las personas que tuvieron alguna pérdida escuchamos historias, historias que desde niños van cargando con heridas que no han terminado de cicatrizar, con esas emociones reprimidas que el tiempo guardó, más no liberó. Somos el resultado de nuestra historia.

El ejemplo que puse en un inicio de que cuando nos lastimamos por alguna caída es una gran oportunidad para enseñarles a los niños, desde pequeños, a contactar con el dolor y que sí pasa algo.

No nos han enseñado que el dolor es parte de la vida, la vida está llena de constantes pérdidas, sin embargo, las evadimos contándonos el cuento de que no pasa nada y somos felices.

También vemos la felicidad como un destino, pero no es el camino, es la actitud con la que vivimos.

Si pudieras hacer una lista de pérdidas que has tenido a lo largo de tu vida te puedo decir que desde tu nacimiento tuviste una pérdida, saliste del vientre de mamá, de esa zona de confort. Cada etapa de desarrollo es una pérdida, la muerte, los proyectos no realizados, cambio de ciudad, de casa, relaciones rotas, malas calificaciones en la escuela, pérdida de autoestima, bulling, etc.

¿Cómo las viviste? Automáticamente después de una pérdida sentimos dolor, pero “el no pasa nada, hay que ser fuerte y el tiempo lo cura todo”, son creencias que nos llevan a reprimir. Nos cuesta mucho permitirnos sentir esas emociones y sobre todo, demostrarlas.

Cuando llega un paciente a trabajar una pérdida reciente descubrimos que la que pasó hace mucho tiempo y no trabajó, está ahí, silencioso, invisible, causando dolor y somatizándose con alguna enfermedad.

Las enfermedades están relacionadas con las emociones, ese dolor, enojo, resentimiento, culpa van carcomiendo el cuerpo, van obstruyendo el buen funcionamiento del cuerpo.

Nunca es tarde para expresarlas pero se requiere de mucha humildad el reconocer que uno necesita ayuda para ser guiado en ese proceso.

¿Por qué nos cuesta trabajo escarbar en nuestro corazón? Porque duele y el dolor sana el dolor. El dolor permite identificar mi emoción, vivirla para soltarla.

Te invito a que abraces tus emociones y respetes las de los demás, si me permito llorar, enojarme, sentir miedo, tristeza, liberar culpas, estoy sanando.

La felicidad está cada día a pesar de las adversidades, haz cada día un ritual de gratitud, ¿Hoy qué agradeces? Y te darás cuenta, que tu dolor no es todo en tu vida y así la vida será diferente.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatología

yvonnerosadecristal@gmail.com

 Grupos de ayuda mutua

Alejandra Renacer

Tanatóloga Yvonne Bulnes

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