Un hecho que siempre me ha fascinado y que fue determinante para que eligiera como profesión la psicología, es que cada ser humano, a pesar de estar formado biológicamente con los mismos elementos todos, tiene en su mente ideales, deseos y aspiraciones tan diferentes, que a veces pareciera que cada uno de nosotros perteneciera a una especie diferente. Y esto es lo que conocemos como personalidad. Las personas quieren sentir, experimentar y comportarse de formas que son consistentes con la autoimagen. Cuanto más cercana está la autoimagen y el yo ideal, más consistentes y congruentes son las personas y más valor creen que tienen.
Y te platico, en una iglesia de Culiacán, hay una capillita para el Señor de los Milagros o Señor de la Escalera, donde los creyentes llevan cartitas a una imagen de un Cristo flagelado que ahí se venera. En ocasiones se alcanza a leer lo que en ellas se escribe. Algunas son desgarradoras y casi te arrancan las lágrimas, por ejemplo, el de una madre pidiendo, implorando, suplicando recuperar a su hijo desaparecido.
Una de las cartas, palabras más o palabras menos, tenía cinco peticiones concretas: Dinero, Salud, Amor, Poder y Familia. De entrada, me sorprendió que no fuera una sino cinco peticiones que esta persona le hacía al Señor de los Milagros. Y me sorprendió más que antes que la salud, le estaba pidiendo dinero a Dios. Posiblemente esta persona nunca haya tenido alguna enfermedad grave y por eso no pone por delante de todo a la salud, o atravesaba por un momento de mucha necesidad económica. Aunque nunca lo sabremos, pienso que casi todos antes que otra cosa preferimos a la salud y el amor.
Y esto nos lleva pues a plantearnos: Si tú tuvieras hoy en tu chat un número directo con Dios, ¿qué te atreverías a pedirle primero y qué le pedirías en segundo, tercero, cuarto o quinto lugar? ¿Te has planteado cuáles son estas prioridades que deben ser como el faro que guíe tus acciones y tus pensamientos todos los días? Si no lo has hecho, te invito a qué hagas el ejercicio: Arranca una hoja de cuaderno y anota las tres, cuatro o cinco cosas que le pedirías a Dios como un milagro. Y ahora viene lo bueno. Siéntate en una silla cómoda a esperar a que ocurran los milagros que pediste.
¿Ya te sentaste y no pasa nada? Por supuesto que sí paso. El milagro existe. Y ese milagro, eres tú. No esperes que Dios haga los milagros por ti. Dios (o el Universo si no eres religioso) te tiene en el mundo para generar los milagros que se requieren en tu vida y en la de los demás. ¿Quieres salud? Come sano, haz ejercicio y visita a tu médico o acude a un centro de salud. ¿Quieres dinero? Empieza por gastar menos de lo que ganas. Incluso si las tarjetas de crédito te tienen estrangulado, en casi todos los bancos puedes diferir tus pagos hasta en tres años y empezar a la de ya a pagar menos de lo que hoy pagas. ¿Quieres a tu familia de vuelta? Empieza por llamarlos y preguntarles como están y qué necesitan. La capacidad que tienes de hacer milagros es increíble, o lo puedes llamar libre albedrío, sólo que te da miedo intentarlo, o las respuestas que puedes tener según sea la situación.
Pero recuerda siempre: El “no” ya lo tenemos desde antes. ¿Dicen por ahí que hay cosas que no vas a poder cambiar? El mismo Cristo no pudo cambiar a Judas, a pesar de vivir con él y predicarle durante tres años. Pero imagínate que los cinco milagros que pediste, logras con tus acciones materializar uno, dos o tres. ¿Cómo cambiaría tu vida? ¿Cómo cambiaría la de las personas que son importantes para ti?
Hay quienes dicen que todos tenemos una “misión” en esta vida. ¡Eso es falso! Nosotros tenemos muchas misiones en la vida: Ser hijos, padres, esposos, ciudadanos, trabajadores, nietos, abuelos, atletas, discapacitados, ancianos o enfermos. Cada una de estas misiones, si se lleva a cabo con entrega, con cariño, con esmero, con dedicación y con entusiasmo va ir sembrando la semilla de muchos milagros. Probablemente no alcances a ver cómo germinan y crecen todos ellos.
No lo olvides: El camino no siempre está pavimentado.

Por: Erendira Paz

Psic. Clínica
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